9 jun 2007

Etapa prólogo (Jornada 1)

Tras casi catorce horas el avión aterriza en el aeropuerto de Chile. Lo más impresionante del vuelo (incluso contando con los datos del post anterior) es sobrevolar los Andes, o mejor dicho "La Cordillera" como de forma acertada la llaman por aquí. No sé como será estar en el espacio sobrevolando la luna, pero ha de ser muy parecido: IMPRESIONANTE!!!! Durante varios minutos se sobrevuela un conjunto de montañotas en las que no se ve ningún indicio de condición humana. Al rato aparece la primera carretera, una fina linea delgadísima apenas perceptible. Hasta entonces la falta de aspectos comparativos hacía difícil medir la magnitud del atributo natural, pero al ver los cochecitos a lo lejos un escalofrío recorrió todo mi cuerpo -¿y a dónde voy yo con mi bicicletita?.
El viaje había ido bien, no se había echo muy pesado, y es que lo de hacer todo el viaje de noche ayuda a pasar el tiempo. Además, se hizo mas ameno con el desmayo de la del 26C (una pija de la que ya hablaré en otro momento) y el desfallecimiento de otro que hizo que la azafata dijera por la megafonía eso de "¿algún médico en el pasaje?" (que hombre impresiona, pero por otro lado piensas, mientras no pregunten por un piloto...).
Al desembarcar lo primero era recoger el equipaje y comprobar el estado de la bici, que la verdad me inquietaba bastante. Recogí la caja y busqué un lugar tranquilo en el aeropuerto donde poder desembalarla. Tras montarla pude comprobar que todo iba bien, por lo que ahora sí, el viaje podía comenzar: etapa prólogo
Primer Tramo. Del Aeropuerto a Santiago hay apenas veinte kilómetros, por lo que en principio se trataba de un pequeño trámite que serviría para irme haciendo con la bici y probando el equipo. Pero la primera fue en la frente. Las bicis no pueden entrar en la ruta 68, por lo que todo el plan trazado se fue al garete. Tuve que ir buscando sobre la marcha un plan alternativo, pero iba a ser mucho mejor, pues la alternativa no era otra que ir recorriendo todos los barrios de la periferia hasta entrar en Santiago. Así que ésta era la mejor ocasión para entrar de lleno en la ciudad, viendo la trastienda. Y antes de llegar al centro, recorrer esas calles por donde casi nunca llegan los turistas. Pasaba por allí y todavía no era consciente de donde estaba, cuando hace apenas una hora estaba por Madrid, ahora me encontraba al otro lado del mundo con mi bici. Y sí, el viaje había comenzado. No sé como describir el escenario, pero hay algo en común en toda América Latina, es algo especial que me gusta mucho y me trae muchos recuerdos. Pronto empiezo a interaccionar con la gente, pues la zona por la que ando todavía no aparece en mi guía, así que ando preguntando continuamente, y la gente una vez mas me demuestra que todos esos miedos y prejuicios que tenemos es pura ignorancia y desconocimiento. A primera vista, viendo lo desangelado del escenario podría parecer que en cualquier momento alguien me asaltaría y me invitaría a cederle la bici, pero nada mas lejos de la realidad. La gente encantada de poder ayudarme a mostrarme "el camino".
Al llegar al centro toda "La Alameda" (Av. Libertador Bernardo O'Higgins) está recorrida por un carril bici que más quisieran muchas ciudades españolas. Llego al hospedaje y dejo las alforjas, es hora de aligerar peso para comenzar el segundo tramo de la etapa prólogo: recorrido por la ciudad. Seguí las indicaciones del chico del hostal y me fui a la calle Lastarria para disfrutar en sus terrazas de una buena cerveza fría, como todo buen viaje se merece. Luego recorrí la zona "turística" del Palacio de la Moneda, la Plaza de Armas, la Universidad, y el Teatro para luego dirigirme a la zona mas "bohemia" de la calle Pio Nono.
El tercer y último tramo sería la subida al Cerro San Cristóbal. Seis kilómetro de ascenso (hay un teleférico para los no ciclistas) que te llevan a un cerro del que se divisa toda la ciudad (Lola, seguro que conoces una ciudad con algo parecido ;-). Además como el camino de subida rodea todo el cerro es curioso como la vista cambia según veas el norte: bajas casas humildes con techos de latón; o el sur: altos edificios de la zona nueva de la ciudad. Arriba del cerro, junto a la figura de la Virgen un merecido almuerzo mientras se divisa la ciudad que hoy nos ha acogido.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Impresionada!. Ya la proeza de esta aventura en solitario me parecía increible, pero que la estés llevando a cabo y que encima nos hagas partícipes con tanto detalle y precisión me deja flipada.
Ánimo, mucha suerte, estamos contigo!!

Anónimo dijo...

(Ahhh!!! y cuidadito con las macizas!)
tu suegra

Anónimo dijo...

Que sientas cerca a Allende, cuando pasees por El Palacio de La Moneda, cuando recorras el país, cuando mires a su gente, cuando te sientas en Paz.
Un pequeño homenaje:
"Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces
porque el hombre de la paz era una fortaleza,
Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios mas tanques mas rencores
mas bombas mas aviones mas oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza
Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo".
Mario Benedetti

Anónimo dijo...

sigue,sigue...las ruedas no dejarán de girar si tu no quieres...inshallah!... y tómate una cervezita también por mi... seguro que lo más maravilloso del viaje es que tu estés ahí, y por eso las cordilleras,las largas carreteras, la gente...brillan en todo su esplendor, para ti y para que nos lo cuentes...
¿todo bien?...;-)

Unknown dijo...

Gracias por hacernos partícipes de TU aventura. Así no sólo compartimos contigo el camino sino que nos sentimos más cerca de tí.

Un fuerte abrazo.

PD: Ya estoy impaciente por leer la siguiente crónica, has conseguido engancharme.

Anónimo dijo...

Voy a comenzar por el principio debido a mi retraso.

Saludos

A por la segunda etapa