Esta mañana me he levantado con resaca, o con la caña, como dicen por aquí, y es que la noche fue larga y las consecuencias del alcohol son internacionales. Hoy aprovecharé para descansar de ruta, poner a punto la bici y dar un respiro a las rodillas.
Me levanté tarde y tras revisar el correo me dispuse a dar un paseo. Tenía que hacer unas comprillas y también me apetecía pasear simplemente. Recorría las calles sin rumbo fijo, pero sin perder las referencias, pues andaba sin el plano. Llegué al mercado, que es uno de esos lugares en donde uno puede ver mucho de un pueblo. En la esquina un señor anuncia –Leche de burra!-, y con el animal allí y su cría dispensa a los clientes. En el interior se entremezclan los puestos de frutas, verduras, carnes,… en un tapiz multicolor y multi-olor. Me encanta. Paro en uno de ellos a comprar unos limones, pues un jugo natural me sentará bien para mi castigado estómago. La dependienta, una señora mayor, me entrega una bolsa para que me sirva yo mismo. Rápidamente viene a mi cabeza los letreros que en España prohíben tocar la fruta con la mano. Ay!, cuánto hemos perdido, cada vez nos volvemos mas asépticos y eso influye a todos los niveles, creo yo. –Son 200 pesos-, me indica amablemente. Aprovecho para que me indique donde encontrar una pastelería. Quiero hacer un regalo a los chicos de ayer a modo de despedida, o de “hasta la vista”, mejor dicho.
En la pastelería me fijo en una caja de bombones que pueden servir para endulzar el trago del adiós (pero si nos acabamos de conocer!, pensarán algunos, ay! aue ingenua es la ignorancia…). Acabo charlando con Elisa, la dependienta, quien hizo un viaje por Chile, pero ella fue hacia el norte, en lugar de hacia el sur, y en bus en lugar de en bici, pero encontramos cierta afinidad en ello. Ahora solo me faltaba encontrar una tarjeta donde inmortalizar unas palabras para el recuerdo. Eso sería ya mas complicado, pero lo conseguí. Espero les guste.
Tras pasar por el hotel a dejar las compras añadidas por una crema con "piketoprofeno" para mis rodillas (aquí el calmatel no lo conocen); y un cortauñas que no encuentro tras el caos de la facturación del material "peligroso" con la bici, me dirijo al bar "Entrenos" a encontrarme de nuevo con mis recientes amistades.
Tras comentar mi desgaste gastroinstestinal me ofrecen una confortable sopa caliente y un jugo natural de limón. Me siento cuidado y mimado. Ocupo la misma butaca, como si de un cliente habitual se tratara. La sopa caliente me sienta bien, el calor que me brindan, aun mejor.
Luego me despido hasta la noche pensando en ir al cine, pero al final cambio de opinión y me voy al hotel a descansar un rato. Al llegar está libre el ordenador y aprovecho para poner al día el blog y leer mis mensajes. Llega la dueña y nos ponemos a conversar. Le cuento mi viaje y ella me cuenta su peculiar historia. El marido trabaja en Francia y ella aquí con las hijas (3). Llevan así nueve años, y luego dicen que mi viaje es mucho tiempo separados... Llega una amiga suya y acabmos los tres conversando en el "living" alrededor de la mesa y me dan valiosos consejos para cuando llegue a la zona de Los Lagos. Para esta noche me aconsejan ir a cenar a la Pica de Patty, un lugar de comidas de pescados y mariscos de buen precio y cocina exquisita. Por un momento esoty tentado de invitarle a venir a cenar conmigo, pero mi timidez y el miedo a ser malinterpretado (el uso del lenguaje y esas cosas) me hacen desistir e irme solo. Pero allí mientras me meto en el cuerpo un salmón a la plancha con arroz blanco (blandito para el estómago) conozco a Patricio y a Cristian, quienes cenaban en la mesa de al lado y supongo que al notar mi acento y verme con los planos sobre la mesa "intuyeron" que no era de acá. Dos tipos majos, enólogo y peluquero, que me brindaron sus consejos e incluso la dirección de un amigo en Talca para que me quedara a hospedarme allí. No termino de acostumbrarme a la exagerada genorisidad de la gente. Me acaba de conocer y ya está llamando por el celular al amigo para avisarle que voy a quedarme en su casa. Ofrecimiento que después desestimé por considerarlo exagerado, pero que valoro como una muestra de total generosidad.
vuelvo a entrenos a despedirme de mis amiguetes y entregarles la tarjeta con el pequeño obsequio. La noche está un poco apagada y el ambiente enrarecido. En la barra un tipo (algo pasado de copas y creo que algo mas) conversa conmigo. De cada tres palabras dos que dice son "güear" o algo así. Empezó ofreciéndome locales "animados" para ir en Talca, aunque algo caros, me aclara. Y al final acabó pasádoselo mucho mejor al oir la historia de mi viaje -Te vas a cagar de frío!- me decía una y otra vez. La gente no se cree mi viaje, yo todavía tampoco. Lo que sí creo es que la gente ya mereció la pena.
2 comentarios:
seguro que les encanta! y seguro que no serás uno más con su bici... leyéndote me haces creer en la frase predilecta de un amigo mío "today is a new day"... qué tal tu nuevo día?...
Laura :-)
uno más no, sin duda es:
"el crápula de la bici"!!
Besos con mucho limón
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