8 jun 2007

UNA DE AEROPUERTOS

El día anterior había estado con Mónica en el aeropuerto, pensando que podía facturar el equipaje con 48horas de antelación, tal y como ponía en la página web. Pero la amable señorita nos indicó que en el aeropuerto de Madrid no era posible. Así que vuelva usted mañana.
Al día siguiente, ya el mismo que el vuelo, allí estaba de nuevo con Mónica delante del mismo mostrador del checking y de la misma azafata de la compañía de aerolíneas argentinas en la terminal cuatro de barajas, tratando de ver la luz al final del túnel. La azafata había pesado las alforjas, marcando 13 kilos en la báscula, claro, cualquier supersticioso no habría aceptado tan señalada cifra. Y acto seguido nos indicó -¿la bici también? ¿sabrán ustedes que todo lo que pase de veinte kilos paga un recargo, verdad? De nada sirvió indicarle que días antes el servicio telefónico de atención al cliente de su compañía me había asegurado que si la bici iba correctamente empacada no pagaría ningún coste extra. El caso era que la bici pesaba 19 kilos, por lo que me pasaba el límite de calle.
Así que allí estaba tratando de decidir qué hacer. Una vez descartada la primera idea que era la de estampar la cara de la amable señorita en el mostrador, se me venían a la cabeza dos alternativas: podría dejar la bici en Madrid, pues los 150€ de recargo se me antojaba una cantidad mayor que el valor actual de la Blau; ó pagar los 150€ y olvidar el tema cuanto antes. Simultáneamente en mi cerebro resonaba la frase que me dijo Antoni "recuerda: el cicloturista siempre sale adelante" (al mismo tiempo me preguntaba si yo era o no era un cicloturista). Así que mientras estaba sumido en mis pensamientos sin ver la luz del túnel, de pronto escuché a lo lejos la voz de Mónica -Y por qué no facturas solo la bici y las alforjas las llevas en la cabina? Siiiiiiiii, siempre es bueno que en todas las parejas haya alguien que piense. Estábamos salvados, ya solo faltaba extraer de las alforjas todo el material altamente peligroso que no sería aceptado para llevar en la cabina: unos radios de repuesto (altamente punzantes); una cartuchera de herramientas para bici (ufff, peligrosísimas llaven Allen); un tubo de pegamento para parches (ni hablar, es líquido e inflamable, nada); la navaja multiusos; el aceite para la bici;...y todo ese armamento que lleva cualquier mortal en el equipaje (cuchillas de afeitar, champú, cortauñas,...) y además no podían exceder del kilo que le faltaba a la bici para el tope del peso. Pero bueno, lo conseguimos, y a duras penas lo introdujimos en la caja de la bici. Ya solo faltaba rezar para que llegara bien, porque además de todo, esta compañía no se responsabiliza de este tipo de equipajes "especiales", así que si lo quieres enviar te obligan a firmar un papelito en el que aceptas que hagan puré con tu bici sin derecho a reclamar. Bueno, es hora de irse a casa, olvidarlo todo y descansar un poco antes de volver a la noche para coger el vuelo.

No hay comentarios.: