13 jun 2007

Una noche en Curicó

Tras instalarme en el hotel y hacer los mas que recomendables ejercicios de estiramiento me dispongo a salir para buscar un sitio donde cenar algo. Pregunto por algún sitio recomendable y otro cliente me indica un sitio cerca del hotel –La misma calle frente al banco –Gracias. Llego fácilmente al lugar. Hay un salón con mesas y una barra al fondo. Me siento al final de la barra (al mas puro estilo Cheers). Junto a la barra hay una entrada a otra sala, una especie de reservado. – Una cerveza por favor –Cuál? Tenemos Heineken, Budweisser, ….- ¿una de acá?. Me pone una Royal, es rubia, suave y está buena. Mientras bebo observo a mi alrededor. La ventaja de ser un desconocido es que puedes observar, al mismo tiempo que te sientes también observado. En una de las mesas dos amigos comparten la cena. Se les ve tranquilos, tomándoselo con calma, degustando el momento, se les ve bien. En otra, seis amigas celebran el cumpleaños de una de ellas. Ríen y ríen, también se lo pasan bien. En la primera mesa, junto a la puerta dos amigas echan monedas en la music-box, no dejan descansar a Alejandro Sanz. En el reservado una pareja celebra con los amigos el día de “pedida”. Dos camareras y un cocinero completan el reparto de esta peculiar obra.

La sensación de entrar en un bar que no conoces, de una ciudad que no coloces y de un país que no conoces. Eres el perfecto “extraño” del lugar. Todo te llama la atención, porque todo es nuevo, no conoces nada y cualquier detalle te da información.

-Y de comer que tienen? La camarera me mira con cara de sorpresa. No sé si no me ha entendido o es que “entiende” demasiado. Era solo cara de sorpresa, quizá sea temprano para cenar. Me acerca la carta y veo pasta, me apetece mucho tomar pasta. –Los fetuchini que salsa llevan?. Vuelve la cara de sorpresa. –Espere, aviso al cocinero.

No sabría como explicarlo, pero esto me encanta. Me recuerda a La Ceiba, y de aquellos lugares donde me he sentido un extraño. Aquí son del mismo color, incluso hablan el mismo idioma, pero somos tan diferentes…, me enriquece el ver otras culturas, otras gentes, otras formas de vida,… Sentirse solo, lejos de las “referencias” como si te soltaran de pronto en un lugar desconocido. Como “teletransportarte” a un lugar diferente. Es esta una atracción que todavía no se comercializa, pero todo llegará. Supongo que este es el significado de Viajar, con mayúsculas.

Mientras disfruto de mis fetuchini con salsa de verduras, tras la barrara la camarera prepara los cockteils con un conocimiento ya mecanizado. La comunicación existe por lo que se dice y también por lo que no se dice. Con las miradas pasa lo mismo. Ahora en la music-box sena Ricardo Arjona, mas recuerdos.

De postre crema batida (nata) con manjar (dulce de leche). Una explosión de calorías que me temo supera el desgaste de kilómetros de hoy. Ahora suena Roxanne. Esta la he elegido yo. Tampoco se por qué, pero de entre lo que había…. Para terminar un trago (cocktail) –Qué prefiere fuerte o suave? –Pues me gustaría poder llegar andando al hotel-, le replico. Digamos que flojo, flojo no estaba precisamente.

Gracias Alex, Jennifer, Yoselyn, el otro Alex, Ivonne y Carola. Fue una noche muy especial. Acabamos a las dos de la madrugada, y aunque a duras penas me pude ir andando al hotel, me lo pasé genial. Sois mis primeros amigos en Chile y nunca os olvidaré. Me alegro que el destino me acercara a ese bar y me permitiera conoceros. Besos y Abrazos.

2 comentarios:

Kankoat dijo...

¿Es rubia, suave y está buena? mooooola.

No hay nada comparable al sabor de una cerveza después de un día de bicloviaje

PIRINEISTA dijo...

son muy especiales, los amigos que haces en los viajes.