Para los que hemos nacido junto al mar, las ciudades costeras tienen algo especil que es difícil de explicar. Cuando llegas a una ciudad y tras atravesar sus calles llegas a una costanera desde donde puedes contemplar la inmensidad del mar con todos los sentidos, te sientes bien. Esta es una ciudad de esas. Además es invierno, y eso permite disfrutarla sin la masificación de los turistas que vienen en periodo estival. A mí me recuerda a San Sebastián, una preciosa playa pero un frío que pela, eso sí, aquí no hay ninguna playa de La Concha.
En la costanera conocí a Greta, una bonaerense afincada acá, profesora de educación física, escritora y fabricante de ricas barras de cereales que vende allí mismo. -Si no paras no podrás probarlas-, me indica mientras paso en bicicleta mirando su puesto tratando de adivinar lo que vende. Me da envidia, no sé si sana o no, el saber que está a punto de terminar de escribir su primera novela, pero como me dijo una persona muy sabia, con la envidia no se escribe, mejor utilizar un bolígrafo, un montón de papel en blanco y la imaginación. Tras charlar con ella un rato sigo hacia las playas del sur. Una tranquila carretera bordea la costa entre playas y acantilados. Aquí hay playas privadas o concesionadas, por lo que entre la belleza natural de algunos parajes se encuentran los horrores de balnearios o "resorts" ocupando la arena casi hasta el agua, una pena, un lastre que tendrán que superar. En el paseo me agarró la lluvia, por lo que tuve que regresar antes de tiempo, y a la vuelta conocí a Darío, un ciclista de esos de verdad. De los que llevan una bici que se levanta con el dedo meñique, de los que conocen la marca de cada uno de los componentes y de los que me miran con una cara de extrañeza cuando le digo que llevo mas de dos mil kilómetros con la mía. Un argentino que estuvo afincado en Francia y que conoce la cultura española a la perfección. Es agradeble charlar con él y quedamos para ir mañana a hacer una excursión por la sierra. Espero poder resistir el nivel de la prueba, seguro que lo pasamos bien.
Anoche estuve tomando unas cervezas con otros viajeros del hospedaje. Erik, un sueco que aprendió español en sevilla y todavía conserva algo del acento andaluz, y Lisa, una arquitecto panameña que está haciendo aquí su tesis doctoral compaginándolo con su pertenencia a una secta donde lo mas importante es el poder. Entre botellas de Quilmes y risas pasamos un momento muy agradable. A Erik lo conocí un día antes cuando se disponía a seleccionar una película del estante del hospedaje y le recomendé el "Viaje de Shihiro" una película de animación japonesa que aprecio gracias a la explicación de Robert cuando la vimos en Benahavís hace ya algún tiempo. A los dos minutos de proyección la película fue suspendida por votación popular, y es que sobre gustos... Al final acabamos viendo Battle Royal, una película japonesa mezcla entre La Naranja Mecánica y Pulp Fiction. Un poco violenta, pero película de culto.
Dis: 56.52 Vel. Media 13.7 Tiempo de bici: 4h 6min
Distania total: 2.326,14kms
4 comentarios:
Eres un verdadero "relaciones humanas" un día de esto te vemos en la portada de una revista del corazón, se nota que tienes autenticos genes de Sanz.
2.300 kms. creo que el el Tour de Francia hacen más o menos los mismos kilometros.
PIRINEISTA
Bueno, ellos hacen unos 3.600 km, pero claro, están dopados hasta las cejas. En cambio tú, ron con limón y Quilmes.
Abrazos.
pues sí, oye, lo tienes todo: sociable y buen entendedor, buenos genes, mucho kilometraje y honesto, excelente paladar para saborear una buena copa, buen gusto para las pelis (pues estoy de acuerdo contigo y con Robert), buen olfato para detenerte ante una barrita de cereales, resistencia, entusiasmo...seguro que vuelves con las alforjas cargadísimas!
Laura :-)
Hola Daniel y Mónica. ¡Qué precioso todo lo que escribes!, tengo nudillo en la garganta, como si estuviese viendo y sientiendo lo mismo.
Disfutad que todavía os quedan muchos días.
Besos de Sonia, Claudio y Fabio
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