20 jul 2007

Miércoles 18 (J 41) Bahía Blanca - Sierra de la Ventana

En información me indican que el mejor camino para ir a Sierra de la Ventana es por la ruta 51, pues la 33 está muy transitada. Pero Sierra de la Ventana está a más de 100 kms, y tras la dura jornada de ayer, mejor buscar un lugar intermedio donde hacer escala. Además estará en alto, supongo, por aquello de "sierra". El caso es que solo hay un sitio intermedio donde podría hacer escala, el Cabildo, pero no puedo confirmar si está o no disponible. Hablo con la municipalidad del lugar y me indican que vuelva a llamar en una hora para tratar de localizar al dueño del hospedaje y confirmarlo. Mientras doy un paseo por Bahía Blanca: la plaza, el paseo de las esculturas, el paseo de Mayo, el mirador, ... y cuando llamo me confirman que no hay posibilidad de hospedarme, así que no sé que hacer. Vuelvo a la oficina de turismo para tratar de ver las posibilidades de salir de Bahía Blanca. Me indican que hay un tren que hace el trayecto y sale a las siete de la tarde. Me parece una buena opción, así puedo recorres la ciudad y marcharme al caer la tarde. Al salir de la oficina un señor me espera junto a la bici -¿es tuya?- me pregunta. Me vio ayer pasar al llegar a la ciudad y hoy al ver la bici le apetecía conversar conmigo. Es un señor mayor, me comenta que hoy le han dado la jubilación y que es su sueño recorrer en bicicleta. Es un ciclista de los de verdad, de esos que se hacen tres mil kilómetros al año (todos los años), y que reconoce la marca de la cubierta de mi bici y esas cosas. -Es una bici normalita, no es de marca ¿no?- me indica con un aire como de asombro. Ubaldo, que así se llama el flaco, es un tipo entrañable, simpático, con barba y, por supuesto, acento argentino. Otra vez siento como si no estuviera allí, como si lo estuviera viendo en una película. Estoy encantado. Conversamos allí mismo, sentados en la puerta de la oficina de información. Me recomienda la opción del tren, así que tras despedirnos me voy a ver la zona del puerto, aprovechando que tengo unas horas hasta la partida del tren. Me había dicho que allí podía comer buen pescado, pero cuando llego ya están los sitios cerrados, así que vuelvo al centro para buscar algún sitio para comer. El problema es encontrar algo abierto y que además tenga algún sitio para dejar la bici, porque con el equipaje y todo, dejarla en la calle puede ser un poco arriesgado. Pero el cicloviajero siempre sale adelante, y encuentro Piazza, un lugar agradable donde tomar una Quilmes 3/4, una ensalada especial y un Chop Suey de pollo. Disfruto de un buen almuerzo y una buena estancia en Bahía Blanca antes de mi marcha

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