2 jul 2007

Parque y carrete (Jornada 22)

Castro - Ancud

Dejo la ciudad de Castro para ir a Cucao (2 horas en bus) y visitar el Parque Nacional de Chiloé. En el bus conozco a los primeros turistas españoles del viaje, dos chicos de Lleida que disfrutan de sus vacaciones en plan mochilero. Quieren ver mucho y andan con prisas. Hacen fotos desde el bus a todo lo que pasa y al llegar al Parque se bajan unos minutos para tomar fotos y ser regresan en el mismo bus (cada uno viaja a su manera, ¿no?).

Yo me dedico a recorrer varios senderos. El primero por el lago, desde donde los patos, cormoranes y otras aves campan a sus anchas. Muchos pájaros descarados que sigo sin saber indentificar, pero que puedo contemplar con total tranquilidad. Unos lugareños me ofrecen rentar una barca, pero lo de "sin remero" me hace preferir la caminata a pie, y es que no soy precisamente un lobo de mar que digamos. Un curso de vela en Estepona no da las garantías para atravesar el lago a fuerza de remo.

La segunda ruta es hacia la playa del Pacífico, atravesando una zona de dunas y humedales. Un momento para hablar con el mar en soledad, contarle como va mi viaje y esperar que él me cuente que es de la vida. Momentos con uno mismo.

Tras la caminata y hsta la llegada del bus de regreso, busco un lugar donde comer algo y reponer las fuerzas tras la jornada de pateo. No hay nada abierto, pero al acercarme a un restaurante cerrado se me acerca Gloria, una señora de la casa de enfrente. Al comentarle mi búsqueda me ofrece lo que ella ha cocinado para hoy. Acepto encantado el reconfortante plato de puchero a base de fideos, judías pintas, maíz y carne. Exquisito guiso!. Insisto en pagar la "colación" pero me aclara que es una invitación y no puedo mas que mostrar mi enorme agradecimiento a tal muestra de generosidad. Me abrió su casa y me ofreció su comida y una generosa sonrisa. Gracias por el regalo.

Tras la vuelta a Ancud salgo por la noche a tomar algo. -Te han bien recomendado-, me comenta Jaime, el propietario del local, cuando al llegar le comento que me habían dicho que era el mejor lugar de Ancud. El Nerudiano, un lugar interesante que sustenta con mucha dignidad tan ilustre nombre. Nos sentamos en una mesa a conversar frente a una cerveza, un café y algo de comer. Con buena música de fondo hablamos de Chiloé, del turismo, de los sueños y del futuro. Me gustaría ponerlo en contacto con Laura para su proyecto sobre los sueños, pues este local, con varios años ya de historia, es fruto de su sueño. Un chico de Valparaíso, emigrado a Alemania en su infancia, con padre psicólogo y formación empresarial, ha creado este pecualiar lugar de encuentro donde uno se siente bien al llegar. A estas alturas del viaje me comprometo a leer algo de Neruda, Don Pablo, en cuanto el tiempo me lo permita. Y al menos ver la película de Michael Radford de El Cartero y Pablo Neruda de 1994. O mejor aun, la dirigida allá por el 1985 por el propio Antonio Skarmeta bajo el título de El Cartero de Neruda, basada en su propio libro.

Me fui acomodando en el bar de Jaime. Me invitó a firmar su cuidado cuaderno de bitácora. Un voluminoso tomo de cuidada presentación lleno de firmas y recuerdos. Después probé el famoso pisco mientras charlaba con Pato, un habitual del lugar, amigo de sus amigos y con un millón de anécdotas por contar. Tras escucharle unas cuantas decidí que era el momento de marcharme, pues no querí molestar a Patricia, la gerente del hostal, y hacerla despertar tarde. Además, al día siguiente tenía ruta, y bueno, que pensé que en aquel lugar tampoco tenía mas que hacer. Pero estaba equivocado, porque tras coger mis cosas y despedirme de Jaime me di media vuelta y un grupo de amigos sentados alrededor de una mesa me invitó a sentarme con ellos. Yoanna, Paola, Magaly, Manuel y Lila tenían un buen tono, y entre risas y tragos comenzamos a conocernos. Jaime encontró en el ordenador la canción que le había pedido y aturdí a los presentes cantando Soldadito Marinero. Una copa de Flor de Caña (hay Lola, que recuerdos...) y velada con nuevos amigos. Llegó la hora de irse, pero decidimos continuar el carrete en la discoteca. Música para la que uno está quizá ya un poco lejos, pero en cualquier caso fue divertido. Bailando mucho con Magaly, Lila y Paola mientras Manuel y Yoanna tenían temas pendientes por aclarar. También cerraron este lugar, pero fuimos a tomarnos la penúltima en un bar adjunto. Conversación con Lila sobre la amistad, lo raro que soy y sus sueños de encontrar pareja. Pronto decidimos irnos, pues son ya cerca de las seis de la mañana, estamos cansados y el ambiente empieza a enrarecerse. Al marcharnos los chavales del bar comienzan a gritarme .¡Chupete! ¡Chupete!-, ante mi perplejidad y desconcierto. Luego fuera del bar mis acompañantes me aclararon que el delantero de la selección chilena de fútbol y máximo goleador de la Copa América que se está disputando estos días, anda también con la cabeza rapada, y quizá le encuentren algún parecido. Pero en el momento, al desconocer el motivo, no sabía realmente si me insultaban, se reían, o que pasaba, y es que me han llamado muchas cosas, pero "chupete" nunca.

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