14 jul 2007

Viernes 13 (J 36) Volvemos a dar pedales

Esta mañana salgo del hotel tempranito para disponer a realizar mi primera excursión tras el achaque de salud. Todo listo, hace un día bueno (seis graditos), el cielo está despejado, coloco el crono a cero y.... mierda! la rueda de alante está montada al revés y el crono no funciona. -Se puede ser mas torpe! Anoche al bajarla del colectivo y montarla no me fijé. Era de noche, pero algo se debía de ver, no???. En fin, eso ya no cuenta, ahora lo mejor es mirar hacia delante. Miro el reloj, son las diez menos cuarto -A las diez estoy ya saliendo! (esto me lo enseñó Ignacio cuando reventé la rueda contra un bordillo en Chinchón a las tantas de la madrugada cuando nos disponíamos a ir a Valdelaguna. Casi tanta pereza como ahora). Así que manos a la obra, desenganchar el equipaje de la bici, voltear la bici, sacar la rueda, meterla de nuevo en la posición correcta, ajustarla bien, poner la bici al derecho y enganchar de nuevo el equipaje. 9.58! ja!
La excursión es a El Condor, junto a la desembocadura del Río Negro, donde dicen se encuentra la colonia de loros mas grande del mundo. Yo no sé si tanto, pero desde luego loros hay para aburrir. El pueblito está a apenas treinta kilómetros, por lo que es una buena ruta para retomar el contacto con la bici y asegurarme que el cuerpo está totalmente recuperado. Al principio cuesta mover un poco las piernas, pues los músculos se han acomodado un poco, pero pronto cojo buen ritmo y disfruto del viaje. La ruta es totalmente plana y el paisaje bastante monótono, pero la cantidad de pájaros (antes de que lleguen los loros) lo hacen entretenido. De pronto en una parada viendo unos ejemplares llamativos con la cabeza roja y negra (Ignacio ayuda!) miro en la base de un poste donde estaban posados y hay una especie de liebre. Pero viéndola bien las orejas no son de liebre. Está totalmente parado, por lo que puedo verlo detenidamente un rato, y me fijo que las patas delanteras son muy pequeñas -¿hay canguros aquí?- me pregunto. Está tan quieto que empiezo a dudar si es de verdad. De pronto se le posa un pájaro en la cabeza, y sigue inmóvil, por lo que deduzco que es de madera y lo habrán puesto allí de recuerdo. Así que guardo los prismáticos y sigo mi camino. Pero la sorpresa fue que al pasar junto al poste el bicho ya no estaba, ja!. Unos kilómetros mas alante, y junto a una pequeña charca pude ver mejor a un par de ejemplares. Todavía no sé como se llaman, pero son una mezcla entre canguro y perro de vieja. Algo muy extraño que se mueve a saltitos, pero bueno, un bicho curioso.

Al llegar a El Condor, me encuentro una localidad típica de veraneo que en esta época anda un poco desolada (por no decir que no hay ni Dios). Una playa enooooooorme y bonitas casas en la costanera, que recorro para llegar al faro, el más antiguo del continente en la patagonia (pos sí). Y de allí me dirijo a los acantilados para ver mas loros. Veo el letrero de "segunda bajada" a la playa, donde me habían dicho que era el mejor sitio para ver un montón de loros. No sé, la verdad es que no veo muchos. Dejo la bici y voy caminando por un sendero, acercándome al borde del acantilado, para ver si abajo en la playa se veía algo, cuando de pronto del acantilado que quedaba sobre mis pies empiezan a aparecer troepcientosmil docenas de loros que de pronto cubren el cielo con sus vuelos mientras su ruido invade todo el acantilado. Espectacular!! cuando se me pasó el susto pude disfrutar de sus colores y belleza mientras me sobrevolaban.

De regreso paso por Carmen de Patagones, la localidad que está a la otra orilla del Rio Negro y donde empieza la región de Buenos Aires. Atravieso el río por un viejo puente ferroviario que en su día fue elevadizo. En patagones no hay mucho que hacer ni tampoco mucha oferta hotelera, por lo que tras dar un paseo por la ciudad y ver la Iglesia, el fuerte y las casas "cuevas" me dispongo a atravesar de nuevo el río hacia el otro lado. Pero esta vez en lugar de volver al puente decido atravesarlo en barca. Hay una pequeña barcaza que cada diez minutos te lleva de una orilla a otra, pero claro, no se yo si con la bici... Sin problema, eso sí, la bici paga como uno mas. Cuando ví la barcaza no podía imaginar donde iría la bici -¿pero dónde pongo la bici?- Sin problema, el mismo barquero agarra la bici y la pone en el techo de la barcaza -¿y el seguro?- Sin problema, como si lo llevara haciendo toda la vida. Así que sanos y salvos llegamos de nuevo a Viedma, tras algo mas de ochenta kilómetros y la confirmación de que el cuerpo está totalmente recuperado.

Distancia: 84.39kms Vel Media: 16.1 Tiempo de bici: 5h 14min

Distancia Total: 1.766,15

1 comentario:

Anónimo dijo...

Y parece que también se recuperan el alma, y el espíritu y la sonrisa...la vista parece que aun está tardando en ponerse a tono, por aquello de la rueda y los canguros perrunos de madera, jejeje.
Me alegro mucho!!mucho!
No dejes de cuidarte!
Empieza la cuenta atrás...14!!
jijiji que voooooyyyyyyyy