
(post publicado por cortesía de Mónica)
Tras una noche reparadora en nuestra cabaña calentita, el despertador nos avisa de que es el día de la gran excursión!. Un desayuno agradable y la regente del Hotel Linda Vista con su amabilidad asiática se acuerda de prestarnos una parca para Daniel, que disfruta del desayuno comparándolo con los de los Hostel baratos de su viaje de vagamundo.
El micro nos viene a buscar con un poquito de retraso y en él nuestros compañeros del día -una familia israelí agotadora!, y dos parejas mixtas (argentina-venezolana) y (argentino-estadounidense). La mirada del driver al entrar al bus ya me da seguridad y calidez, establece contacto directo e interés, su aspecto una mezcla entre Gael García Bernal y el primo Javi de Daniel. Verónica la guía, enérgica, dinámica, está muy caldeada, mucho mas que nosotros aun soñolientos (y adaptándonos a ser Turistas, con mayúsculas). Ella necesita nutrirse de nuestro interés, para que el feedback conduzca la expedición, pero para mí aun es pronto. Me gusta la presentación que hace de Leandro (el conductor) y la preparación para los animales que veremos en el camino...ummm! Que expectante estoy!.
Nos detenemos ante el primer águila mora, muy bello, o mas bien altivo, nos desprecia desde su lugar en el mundo. Nosotros como buenos "turistas" le fotografiamos tratando de engañarnos de que podremos llevarnos un poco de su alma. Junto con otras aves que no logramos identificar y algún guanaco, discurre nuestro camino bordeando el magnífico lago argentino, rodeado de suaves montañas nevadas, redondeadas por el agua que las cubría hace unos dieciocho mil años, dejando solo al descubierto los picos-islas que estaban por encima de los mil metros de altitud.
Veronica, muy preparada, con unos planos hechos artesanalmente nos va explicando la ruta, la formación de los glaciares, entre anécdotas sobre su vida, como cuando su embarazo le obligó a retirarse a descansar a penas una hora antes de la ruptura del puente de hielo que une, cada ciertos años, al Perito con la península. Muy abierta, comunicativa y consiguiendo hacer de su trabajo, repetitivo cada día, algo especial. Por fin, al fondo, como ella dice, el salvapantallas de su ordenador: el Perito Moreno. La primera impresión para mí no ha sido la buena, la importante. Como me pasó en Machupichu (y como me pasó cuando contacté por primera vez con Daniel). Está claro que necesito algo más de tiempo para captar toda la intensidad que me puede llegar de las cosas (personas) hermosas. Primera parada para ver el glaciar desde unos siete kilómetros de distancia. Eso si me gusta, ir de menos a más, saborearlo, ir descubriendo poquito a poco, hasta si es posible TOCAR. Hoy he tocado el Perito Moreno con los ojos y con el corazón.
Hacemos la excursión en barco que nos lleva lo más cerca y desde abajo. Fantástico! A veces soy egoísta y me cuesta compartir las cosas bonitas con quienes no desea detenerse a sentirlo como lo siento yo, y los turistas del barco son un ejemplo. Me pasa cuando alguien come palomitas en el cine o grita en este lugar. porque lo vivo, lo siento como un santuario. Mucho más que una catedral (la Iglesia ha conseguido el silencio -que no es poco). Yo hubiera querido/podido rezar ante el Glaciar. Dar gracias por estar viva y por poder admirar las maravillas de este mundo. A mi me ha tocao los ojos de la fortuna y lo se y soy consciente y espero estar a la altura. Imagino en mi cabeza música y me aislo. Solo Daniel está conmigo, solos los tres: la naturaleza y nosotros.
El Glaciar es inmenso, cuando suena: habla, grita, cruge,..es algo increíble. Nos ha regalado un desprendimiento y un desprendimiento de base: de pronto apreciamos un oleaje en la superficie del agua junto al hielo, el agua se levanta y empieza a emerger algo azulado y redondo, hielo desprendido de la parte oculta del glaciar por el agua. A mi me daban gansa de aplaudir (creo que lo he hecho) y de saltar de alegría. Que bonito! Algo realmente único.
Tras regresar del recorrido en barco nos dirigimos a las pasarelas, para ver desde tierra la cara sur del glaciar. Ha comenzado a llover, pero todo da igual. Allí estábamos, contemplándolo ahora desde arriba, a su altura, de tu a TU. La superficie, la parte alta, mejor dicho, es bellísima, con sus dientes, los cortes del hielo, que permiten ver un color azul radiante. Hemos caminado por las pasarelas, nos hemos besado, abrazado y dejado llevar por este sorprendente "gigante" de la naturaleza. El suelo embarrado, el cielo lluvioso, cerrar y abrir los ojos me permitia saborear el regalo varias veces. Algo irreal, creo que con la mente no se logra abarcar, hay que utilizar el corazón. Ya estábamos a punto de marcharnos cuando de nuevo, para despedirnos, el glaciar nos hace un último guiño. Un enorme bloque se desprende de la pared del glaciar, un sonido precioso, un adiós, el hielo flotando sobre el agua. Sale el sol y el arco iris pone el lazo a este impresionante regalo de la naturaleza. Gracias.
Volvemos al bus para acercarnos a tomar una sopa calentita en un restaurante con un trato turístico que sabemos torear (a un palmo).
En el viaje de regreso el sueño me invade, el frío, la emoción (y el vino) consiguen que hasta se me abra la boca y me caiga la babilla...Tengo la ilusión de que Daniel logre chamuyar con el driver para imaginar una noche de cine, pero la química no llega a dar su fruto, y además no supimos reaccionar a tiempo para gratificarle a Verónica el buen trabajo que había hecho, es difícil esto del dinero, no sé...
Hoy somos mas sabios y diferentes! Que gran experiencia!
Charlamos un rato con la dueña coreana del hotel y su despierta hijita. Después siesta con mucho amor y risas para salir descansados a dar un paseo nocturno por la localidad de El Calafate. Escogemos un sitio agradable. Una pizza gigantesca y rica y una Quilmes bien fría. Compramos luego las viandas para la excursión de mañana, aun hay mas. Y a descansar.
Gracias Daniel, gracias por compartir tu vida conmigo, gracias por esta vida juntos.
Mónica.
