
Nos subimos a un catamarán para recorrer el lago argentino bordeando la cordillera de los Andes. Conforme nos vamos adentrando por el Brazo Rico van apareciendo bloques de hielo cada vez mas grandes. La expectación es enorme, los tonos azulados y las curiosas formas de los icebergs parecen una muestra artística seleccionada por la propia naturaleza. De pronto a lo lejos comenzamos a ver la inmensidad del Upsala, el glaciar mas grande de Sudamerica, y sin darnos cuenta, de pronto, estábamos frente a una pared de hielo cuya inmensidad hace imposible no sobre-cogerse. La espectacular foto paronámica parece irreal, como si nos trasladáramos a un lugar imaginario que no es de este mundo.
De allí seguimos la navegación hacia los otros glaciares, y sin todavía haber tenido tiempo de asimilar el espectáculo vivido, de pronto frente a la embarcación una sorpresa inesperada. Un enorme iceberg acaba de girar sobre sí mismo dejando al descubierto la parte antes oculta bajo el agua: una piedra preciosa. Un bloque de un azul bestial que nos deja sin palabras. Un regalo de la naturaleza imposible de describir que nunca podremos olvidar.

Con todo esto visto ya nos parecía suficiente, pero todavía antes de finalizar la excursión, nos faltaba por disfrutar de un paseo por un bosque de hayas caducas cubiertas de líquenes y musgo que parecía sacado de un cuento de hadas. La paz del Lago Onelli donde solo se oye el crujir de su superficie helada, allí alejado de todo tipo de ruido. Aquellos cóndores posados en la roca mostrando su poderosa figura. Todo un paseo por la mas asombrosa naturaleza que hace sentir al hombre como un ser minúsculo frente a la inmensidad del paisaje.
Al día siguiente en el aeropuerto y antes de partir pudimos sellar la amistad con Leandro y Laura dos viajeros con los que pudimos coincidir en este viaje y compartir sensaciones y buenas vibraciones. Una pareja argentinounidense que quien sabe si algún día volveremos a ver. Están invitados!.
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