30 jul 2010

Gyor - Komarno

Viernes 30 Julio 2010 (19:15hrs)Sentado en una plaza de la Plaza de Europa de Komarno, uno de esos proyectos arquitéctónicos un tanto dudosos, que se realizaron con la intención de crear en una plaza un edificio representativo de cada uno de los países de Europa, aunque a mí mas bien me parece uno de esos escenarios creados como entorno artificial de un centro comercial (véase CC Plaza Mayor en Málaga).

Esta etapa ha sido menos exigente desde el punto de vista físico, y me lo he tomado con mas calma para hacer una etapa mas corta y recuperarme de la paliza de ayer. El día ha sido algo lluvioso y gris, pero cuando se está de vacaciones todos los días son buenos, y con el equipo adecuado da igual el tiempo que haga.

Tras el desayuno, no hay nada como un buen buffet cuando se hace ejercicio, la tradicional ruta en bicicleta por la ciudad y las fotos para el recuerdo. Aprovecho para hacer el cambio de moneda, pues en Hungría no tienen el euro y usan florines húngaros (HUF), y aunque el euro te lo aceptan en casi cualquier sitio, siempre es mejor usar moneda local para que el cambio no sea muy desfavorable, y también para no ir como un idiota por el mundo, digo yo. Aquí cambiar resulta ser mas fácil que en España, que intenté traer ya el dinero cambiado, pero le dije florines húngaros a la del mostrador y casi le da un pasmo, no tenía ni idea. Tras consultar con el que sabía me dijo que no menos de 500€ y con no sé cuantos días de antelación. Pues eso, que allí cualquier banco es válido, bueno, casi cualquiera, porque en el primero el gorila de la puerta no me dejaba pasar con la bicicleta, y claro, yo sin la Blau…, así que le mandé a la mierda en una perfecta imitación de F.F.Gómez, el clásico –A la mierda, vayase a la mierda-, ante el estupor de los viandantes, y me fui al siguiente (creo que él me contestó algo parecido, pero mi conocimiento de húngaro no va mucho mas allá del Siá. En el segundo banco todo amabilidad, y es que gilipollas y gente maja hay en todos los países y lenguas.

En principio me disponía a seguir la ruta por la vertiente húngara hacia Komarón, pero conforme fui avanzando y viendo el tipo de ruta junto a la carretera me daba cuenta que no era la decisión acertada. Cuando llevaba un par de kilómetros decidí dar media vuelta, volver sobre mis pasos del día anterior y continuar la ruta por la vertiente eslovaca, es decir, por la orilla izquierda del Danubio. Es en estas ocasiones cuando el gps toma el protagonismo, pues se puede fácilmente rastrear el camino chequeando en el mapa del gps la ruta realizada el día anterior. Basta seguir la línea sin necesidad de recordar las decisiones tomadas en cada cruce, pues ahora sin el guía del día anterior sería mas complicado). El problema principal estaba en recorrer los cuatro kilómetros de carretera repleta de camiones previa a la frontera eslovaca, pero ahora menos cansado, sin lluvia, con la información del día anterior en el gps, conseguí encontrar la ruta que indicaba la guía como alternativa “sin pavimentar”. Y ya se sabe como puede uno encontrarse un camino sin pavimentar después de un día de lluvia, pero prefiero los charcos y el barro a los camiones. Finalmente conseguí llegar al puente fronterizo sin pasar por la carretera. De nuevo me encontraba en Medvedov donde el día anterior me sorprendió la lluvia. Según la guía el camino continúa pegado a la carretera, pero descubro que hay una alternativa junto al río y prefiero tomar esta opción. Es una pista de tierra en perfectas condiciones, que aunque aumenta el riesgo de pinchazos, agradezco pues me parece un entorno mas natural, pero claro, el que tenga que ir en bici por este camino a hacer la compra un día de lluvia preferirá el antinatural asfalto que los naturales charcos de barro. La pista discurre sin coches, ni ruidos y a estas alturas de la ruta, también sin nadie. Supongo que la mayoría elige la ruta húngara, sin saber muy bien por qué, pero presiento que es cuestión de marketing, pues ningún camino junto a la carretera puede ser mejor que esta paz en plena naturaleza, sin señales de vida, rodeado de una inmensa arboleda que bordea el rio y disfrutando de la fugaz apariencia de algunas aves rapaces. Solo abandono el camino para visitar las aldeas que se encuentran a su paso, y si es necesario, aprovechar para la compra de avituallamiento.

Llego a Komarno muy tempranito, con tiempo para buscar un buen alojamiento y darme una buena ducha caliente, pues no sé que es peor, si el agua de la lluvia o el sudor provocado por el traje de lluvia no transpirable. El hotel cuenta con un jardín en un patio interior donde puedo aprovechar para darle también una ducha a la bicicleta y quitarle el barro acumulado en el viaje.

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