31 jul 2010

Komarno - Visegrad

Sábado 31 Julio 2010 (21:30hrs)
Pues hoy el cuentakilómetros ha tocado techo con los mas de cien kilómetros de recorrido. Y es que el tema del alojamiento se ha complicado, no sé si quizá por aquello del turismo interior provocado un día de sábado.

La mañana comenzó dando un paseo por Komaron, la otra mitad de la ciudad que me faltaba por conocer. Al pasar el puente fronterizo me cruzo con un señora que en su bicicleta vuelve de la compra con los tomates y las verduras en la cesta. Es curioso que una ciudad se vea dividida por una frontera, perteneciendo cada lado a distinto país, teniendo distinta lengua y distinta moneda, pero en cualquier caso la misma Identidad. En el paseo por la ciudad me cruzo con la organización de una carrera popular, estoy tentado de inscribirme, pero finalmente desisto, creo que lo de correr no es lo mío, pero me he visto tentado.

Vuelvo a Komarno para tomar el desayuno incluido en el hotel y aprovechar la conexión wifi y enviar algún mensaje mientras tomo el desayuno. Es increíble esto de la tecnología, como con un móvil puedes conectarte a Internet, tener el callejero de todas las ciudades de Europa, gps, e incluso, hablar por teléfono.

Tras el desayuno me pongo en ruta y paso por Kelemantra, unas ruinas romanas de gran interés arqueológico, pero dado su estado “tan” ruinoso se hacen difícil de apreciar para el viajero de a pie, incluso para el de a bicicleta. El camino discurre junto al río, desde donde pueden apreciarse embarcaderos con algunas embarcaciones de considerable eslora, pero al ser esto un entorno de rio, todas son de motor, por lo que la atracción es menor. Al llegar a Zitara el camino se junta con la carretera y trato de buscar un atajo. Me voy por un sendero hacia el rio y cuando me doy cuenta estoy entre zarzales, matorral, fango y mosquitos, ya el camino es peor volver que continuar, pero al final solo consigo salir al mismo sitio que donde había dado la vuelta, cosas que pasan. El camino solo discurre junto a la carretera unos metros y pronto vuelve a ser una pista de tierra y grava. Y ahora he de rendir un homenaje a los gilipollas que tienen un todo terreno y les gusta meterse por las pistas de tierra, aunque estas estén cerradas para el tráfico motorizado, y es que si alguna vez se cruzan con un ciclista, peatón o individuo que transite tranquilamente por ellas, paren la marcha o al menos reduzcan la velocidad, pues al pasar circulando junto a ellos las ruedas pueden lanzar despedida una piedra, y eso puede hacer mucho daño, casi tanto como que alguien apedree su coche todoterreno. Éste se libró de que le apedreara el coche porque cuando se va de viaje mejor no meterse en muchos lios, y porque dio en las alforjas, pero no se libró de algunos improperios lanzados en la lengua cervantina.

Con todo seguí el camino, y cuando según la ruta ya estaba a punto de llegar a Sturovo me encuentro una cancela en mitad del camino. Imposible de atravesar por ningún lado, y menos sin saber lo que hay al otro lado, así que no queda mas remedio que dar media vuelta y tratar de buscar un camino alternativo. Al parecer se encuentra una especie de fábrica hacia donde se dirigen multitud de vías de tren, supongo que centro de actividad industrial de tiempos pasados. En cualquier caso sospechoso que no dejen un camino libre entre la fábrica y el río, no?.
Tras el rodeo alcanzo la localidad de Sturovo, y temiéndome que pudiera haber problemas con el alojamiento en Esztergom pregunté antes de pasar la frontera de Hungría, y cuando me dijeron en el primer hotel que estaba lleno, empecé a temerme lo peor. Fui a preguntar a otro sitio, Hotel Eliot, que sentí estuviera también lleno pues mantuve una grata conversación con su gerente, que prometía ser una grata compañía para el final de la jornada. Un eslovaco con ganas de irse a vivir a Madrid, le di mi email y le dije que cuando se fuera a ir me llamara por si me interesaba cambiarme por él y quedarme con el hotel a orillas del Danubio. Hizo algunas llamadas para tratar de encontrarme alojamiento, pero no había nada en toda la ciudad y me dijo que si tuviera carpa me podía ofrecer dormir en el jardín gratis. Si hubiera llevado tienda hubiera aceptado el ofrecimiento, aunque solo fuera por continuar con la amena conversación, pero uno ya no está en edad de viajar con tienda de campaña, y menos por Europa, donde seguro hay mas habitaciones de hotel que habitantes. No quedaba otra que cruzar la frontera a Esztergom y quedarme con las ganas de visitar Sturovo. Pregunté en un par de sitios, pero tampoco había alojamiento a esta otra orilla del río, solo en un bed&breakfast que mas parecía un picadero de adúlteros que un hotel, por lo que no quedaba mas remedio que continuar la marcha, no sin antes hacer una rápida visita a la espectacular Basílica. En el camino por la ciudad veo anuncios de una exposición de mi paisano Picasso, que por un momento me acerca a mi Málaga natal. A la salida de Esztergom el camino continúa por la carretera y veo que el problema es mas grave, pues ni en Pilismarot primero ni en Domos mas adelante encuentro alojamiento. Me acordaba de las caminatas por la orilla de la playa buscando la cala ideal para pasar la noche, pensando que al final siempre se encuentra una razón por la que llegar a aquel lugar, y así fue. Tendría que llegar hasta Visegrad para encontrar alojamiento en un bonito hotel de madera junto al Parque Nemzeti. El hotel no era gran cosa, pero ni la hora ni las piernas daban para mas opciones, así que una ducha y a cenar. Solo encontré abierto un lugar de comida rápida donde tomarme una hamburguesa con patatas fritas y una cerveza, justo el anti-alimento para una jornada tan dura, supongo que tendría que haber buscado algo mejor, pero estaba muy cansado, y en cualquier caso me tranquilizaba el que ya estaba a apenas cien kilómetros del destino y todavía dos jornadas por delante, por lo que podía relajarme y disfrutar de una mala comida.

Mientras me tomaba mi suculenta cena escuchaba música a lo lejos, y mi curiosidad no pudo evitar que me acercara y descubrir que se trataba de un concierto al aire libre, perfecto para estirar las piernas y relajarme antes de ir a la cama a descansar. a ver de que se trataba. Tocaban Takats Tamás Dirty Blues Band, al parecer una banda de rock-blues de los noventa que ahora realiza esporádicos conciertos veraniegos para desfogue de sus componentes y delirio de sus incondicionales maduritos seguidores. La verdad es que sonaba muy bien y me hizo pasar un rato muy agradable.

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