Al llegar al centro de Viena tenía que buscar alojamiento, pues eso de llevar reservas es una mariconada, el cicloviajero nunca hace reservas, va, llega, y busca alojamiento. Así que eran ya mas de las diez de la noche y con la bici recorriendo la ciudad en busca de un lugar donde pasar la noche. Finalmente encuentro un hostel con muy buena pinta, así que decido quedarme allí y dejar de pasear. Al llegar la habitación, trato de encontrar a oscuras para no despertar al resto de huéspedes, cual de las cuatro camas de las literas me corresponde. Veo que en una de ellas hay cuatro piernas, mmm, aquí hay tema, y constato que la queda libre es la de abajo. –Espero que estos no se muevan mucho, a ver si se me van a caer encima.
Tras dejar la cama preparada me doy una ducha y salgo a buscar algo de cena. Si en una ciudad turística no quieres que te traten como a un turista te lo has de currar un poco. Así que has de alejarte un poco de los restaurantes del centro donde te atienden en perfecto inglés y puedes tomar cualquier comida. Así que decido alejarme un poco del centro y meterme por algún barrio donde pueda encontrar algo mas de “realidad” local. Es ya tarde, por lo que espero que eso que dicen que Viena es segura sea cierto, pero por si acaso tomo las precauciones oportunas (llevo al duende en la mochila). Finalmente localizo una zona de bares con bastante ambiente local, música, gente y lugares donde tomar algo. Me dirijo al camarero de la barra para pedirle una cerveza, lo cual es entendido en todo el mundo, pero además habla algo de inglés, por lo que puedo pedirle algo de comida que hay que coger fuerzas para mañana, aunque todavía no he decidido si comenzaré la ruta o me quedaré por Viena, porque antes he de arreglar la bicicleta.
Al volver a la habitación compruebo que ya solo quedan dos piernas en la cama de arriba de mi litera, por lo que puedo dormir mas seguro. Caigo rendido en los brazos de morfeo, ha sido un día largo.
Por la mañana me despiertan el ajetreo de los compañeros de habitación, o mejor dicho de las compañeras. Hay dos chicas vistiéndose en la habitación, de lo cual me ahorraré los detalles, que ya estoy muy mayor para eso, pero me temí lo peor cuando veo que la persona que faltaba sale del baño y resulta ser otra fémina, horror! Esto es un hostel y hay 3 tías en mi habitación, me van a descuartizar!. Tras recuperar la vista nublada y conseguir guardar la compostura, para que no crean que uno es un carca y estas cosas le impresionan, cogí mis alforjas y salí de allí pitando.
Una vez en la calle lo primero era encontrar un lugar donde arreglar la bicicleta. En el hostel me dieron indicación de algunas tiendas que fui recorriendo hasta encontrar una tienda donde me proveyeron de un nuevo eje de la rueda. Al final no ha sido tanto y ya puedo comenzar a rodar. Antes un paseo por el centro histórico de la ciudad. Podría quedarme para visitar los jardines de Schönbrunn; el palacio de Hofburg; y un montón de cosas, pero ya vendré en otra ocasión coincidiendo con la Viennale y para que Mónica pueda hacer una visita al Profesor.
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