Llegada al aeropuerto de Keflavik. Ha sido un vuelo ameno.
Dado que el viaje se realizaba por la noche y que el día había sido intenso,
aproveché para echar una buena cabezada durante el vuelo. Al despertar desde el
avión solo se divisaba un inmenso mar de nubes, tan denso que no permitía ver
nada. Creo que no me sobrará el abrigo. Al llegar al aeropuerto de destino y
tras recoger la maleta, compro el billete para el bus a la ciudad y sacar
dinero local del cajero, pues aquí el euro no ha llegado. El trayecto en bus no
es largo, y pronto estoy en el aparcamiento del Hotel Viking buscando la que
será mi casa durante los próximos días. En los alrededores del hotel se celebra
una fiesta medieval, y a pesar de que son altas horas de la madrugada aquí
alargan la juerga, y es que al no haber noche esto es un lío.
Encuentro la furgo sin problemas, todo sale según lo
planificado y puedo coger el vehículo con la llave que me envió Alfonso por
correo antes del viaje. Son las dos de la madrugada y es completamente de día,
una sensación extraña que en un principio al cerebro le cuesta procesar. La
climatología es mala, una fina lluvia cae sobre Reikiavik y la temperatura es
baja para lo que nos tiene acostumbrado esta época del año en España, pero
estoy emocionado con el plan. El viaje comienza aquí.
Lo primero que hago al llegar a la furgo es prepararme un
café para tomarme algo de tiempo en conocer el vehículo. Gracias a los vídeos
que me había enviado Alfonso ya tenía conocimientos sobre su funcionamiento, y
me sirven para hacerme pronto con el habitáculo y estar como en casa. El
espacio es reducido, pero para una persona es mas que suficiente, y además está
completamente equipada con todo detalle. El que tenga Aceite de Oliva español
es un detallazo por estos lares.
Como la climatología no acompaña decido optar por la Opción
B del itinerario y poner rumbo hacia el norte. La primera parada sería Glymur,
la que dicen es la cascada mas alta de Islandia, por lo que no está nada mal
para abrir boca.
Está a algo mas de 100kms, lo cual es una buena oportunidad
para ir haciéndome con la conducción. Estos primeros momentos en los que llegas
a un lugar nuevo son maravillsos, pues todo te llama la atención, y tus cinco
sentidos están continuamente enviando nuevas señales. El paisaje es
espectacular, muy diferente a todo lo visto hasta ahora. Diría que es una
mezcla de Canarias, por su origen volcánico, y Asturias, por sus tonalidades
verdosas en el terreno. Aquí lo que hay es agua a raudales por todas partes.
Sin duda alguien se ha dejado el grifo abierto.
La carretera también llama la atención, aparte del poco
tráfico, porque aunque bien es cierto que es madrugada, yo (y Joaquín Sabina)
hemos visto en Madrid atascos a altas horas de la noche. La categoría de la
carretera es como la de una carretera local española, un solo carril para cada
sentido, sin quitamiedos y sin apenas arcén. El límite de velocidad es de 90
kilómetros por hora, lo cual imagino contribuirá a que haya pocos accidentes.
Tras un apasionante recorrido por la carretera contemplando
el paisaje llego al aparcamiento de Glymur.
Es ésta una ruta indicada en el libro de rutas que llevo (Nº51) y por tanto
llevo cargado el tracking en el móvil.
Son las cinco de la mañana, solo hay otro coche en el
parking, por lo que no parece vaya a estar masificado.
Es una ruta de casi 7 kms y con un importante desnivel, lo
cual me hace temer sino será demasiado para empezar dado mi mas que lamentable
actual estado de forma física.
Es una excursión muy divertida, hay que atravesar una cueva
con doble entrada; atravesar un río sobre un tronco de árbol; y algunos tramos
muy empinados te obligan a contar con la ayuda de cuerdas para superarlos. Es
una ruta un tanto exigente, pero al llegar a la cumbre y contemplar la cascada
el placer es inmenso. Una enorme caída de agua de 200 metros de altura que se
adentra en un profundo cañón formado entre las dos montañas. Todo un
espectáculo, aunque me temo que esta noche tendré pesadillas, pues mi vértigo
me hará malas pasadas.
Emprendo el camino de regreso. La lluvia, presente durante
todo el recorrido, se hace mas intensa, y aunque llevo el traje de lluvias
puesto, las bajas temperaturas hacen la travesía mas exigente.
Llego al coche y no me he cruzado con nadie en el camino, es
la ventaja de madrugar, pues son las siete de la mañana y yo ya he completado
una de las mejores rutas de la isla.
Tras ponerme ropa seca y descansar un poco, selecciono la
próxima parada: Hraunfossar, una
serie de cascadas en Husafell, una popular zona turística ubicada un un fértil
valle de fuentes termales e invernaderos a unos 80 kms.
Y tenía razón, es una zona popular. Tras contemplar la
maravilla de Glymur, este lugar no tiene ningún encanto, y quizá haya sido una
parada prescindible. Las cascadas son espectaculares, pero el hecho que sean de
fácil acceso, al encontrase a unos
metros del aparcamiento, hace que se inunde de autocares llenos de
turistas que nos están dispuestos a andar mucho mas. Así que tras las fotos de
rigor decido marcharme de allí. Va pasando el día y empiezo a pensar en las
cuestiones logísticas: necesito comprar comida y buscar agua.
Decido seguir el camino hacia el norte para llegar a Holmavik, prestando atención a las
localidades de paso para tratar de comprar comida durante el camino. Estoy
todavía a 185kms, mas de dos horas de camino por delante.
Durante el trayecto veo en el mapa una tienda marcada y
decido parar en busca de comida. Resulta ser una granja que solo vende los
productos que ellos elaboran: leche, quesos y helados. Ya que estoy me compro
un helado de frambuesa, mi primera compra islandesa, pero la verdad es que muy
rico no está. Todavía pararía una vez mas, pero sin éxito.
A mitad de camino decido consultar la guía por si hago
alguna otra parada antes de llegar a Holmavik,
y casualidades de la vida, estaba justo a 500 metros del desvío al Hotel Edda, una lugar de acampada
donde hay rutas de trekking para realizar.
Hago una reconfortante siesta en la auto para descansar.
Para evitar montar la cama del techo pruebo a montar la cama interior abatiendo
el asiento trasero. Al despertar me tomo una merienda y me pongo en ruta (Ruta
#45). Una ruta de dos horas y media, con un importante desnivel, desde donde se
disfrutan de bonitas vistas al fiordo Breidafjördur. Al regresar me tomo mi
primer baño islandés en la “olla caliente”, una piscina de agua termal en la
falda de la montaña, con una caseta
estilo vikingo que sirve de vestuario.
De vuelta a la auto continúo la ruta subiendo rumbo a
Holmavik. Durante el trayecto voy buscando avituallamiento en las localidades
cercanas a la carretera. Encuentro un gran supermercado abierto y lleno la
nevera y la despensa con víveres para varios días. Pero hoy es día festivo, por
lo que la licorería está cerrada.
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